La llegada a Salvador
Traslados al llegar y acomodación en el Pelourinho, en la ciudad alta. El carnaval abre mañana y la ciudad ya está levantando las estructuras. Presentación del viaje y primera cena de la casa.
Nueve noches en la Bahía negra: el carnaval de Salvador entero, del jueves al arrastão, y después el Recôncavo.
Ver fechas y tarifaLa herencia yoruba, la capoeira y el candomblé, dos días del otro carnaval — el de Ilê Aiyê y Filhos de Gandhy, con el padê en el Largo do Pelourinho — y el cierre en el Recôncavo, donde nació todo. Diez lugares.
El regreso, el 12 de febrero.

Una ceremonia de candomblé en un terreiro histórico de Salvador, de la mano de su iyalorixá y con un antropólogo que la acompaña: rito real, no representación.
Dos noches de carnaval desde un camarote sobre el circuito Barra-Ondina, para Ilê Aiyê y Filhos de Gandhy, con un antropólogo que ordena lo que pasa abajo.
El detalle de cada acceso —el nombre, la hora, la puerta— se comparte con los viajeros de la expedición, no antes.
Traslados al llegar y acomodación en el Pelourinho, en la ciudad alta. El carnaval abre mañana y la ciudad ya está levantando las estructuras. Presentación del viaje y primera cena de la casa.
El jueves arranca el carnaval oficial y es el más tranquilo de los seis: el momento exacto para caminar el casco histórico antes de que los circuitos se llenen. Las iglesias del oro, las cuestas empedradas y la huella yoruba que ordena la ciudad alta. De noche, el primer trío en la calle.

La mañana de capoeira, el juego que fue lucha y se disfrazó de danza para sobrevivir a la prohibición. El viernes el grupo de percusión más conocido de Bahía sale del Pelourinho y baja hasta el Campo Grande: entre seis y ocho horas de recorrido que empiezan a la vuelta de donde dormimos. De noche, una ceremonia en un terreiro histórico, con su iyalorixá y un antropólogo que la acompaña, en la fecha que marque el calendario de la casa y no el nuestro.
El sábado, a las ocho de la noche, el bloco afro más antiguo de Brasil sale de su terreiro en la ladera del Curuzu: los tambores, el maíz blanco, el polvo de pemba y las palomas sobre el público antes de bajar a la avenida. No es un desfile, es el barrio abriendo su carnaval, y es el momento menos turístico de toda la fiesta. Después baja por el circuito de la Liberdade y sigue de madrugada hacia el Campo Grande.

El domingo es el día más intenso de los seis y empieza a metros de donde dormimos: a las dos de la tarde, el padê con el que el afoxé más grande de Bahía abre camino en el Largo do Pelourinho. Después, miles de hombres de blanco y celeste, toallas al hombro y collares de cuentas, bajando por el Campo Grande al ritmo del ijexá.
El lunes la ciudad baja el volumen y nosotros también: sin agenda, con la mañana en el mercado o en las playas del norte y la tarde para dormir lo que no se durmió. Cinco días de carnaval seguidos no los aguanta nadie, y este viaje no finge lo contrario.
El martes es el último día oficial y el mejor para lo que vinimos a ver: los blocos afro y los afoxés coinciden en el Centro Histórico, en el circuito sin trios eléctricos, a cien metros de la puerta. El bloco del Curuzu, el afoxé de blanco y el grupo de los tambores, todos el mismo día y en la misma cuesta.
Miércoles de ceniza: a la mañana, el arrastão sin cuerdas con que la ciudad se despide, si el cuerpo todavía da. Al mediodía se sale por tierra hacia el Recôncavo, dos horas al noroeste, y se llega a Cachoeira sobre el río Paraguaçu: casas coloniales, puente de hierro y el silencio después de seis días de tambor.
El Recôncavo es la raíz de lo que se vio en la calle. La mañana con las mujeres de una hermandad negra que existe desde el siglo XIX, fundada por libertas que compraban la libertad de otros: siguen ahí, en su casa, y reciben. La tarde, una roda de samba en un patio, con las mismas familias que la sostienen desde hace cuatro generaciones.
Desayuno sin apuro, traslado a Salvador y conexiones según el vuelo de cada uno.
Nueve noches en dos bases: siete en una casa del Pelourinho, en la ciudad alta de Salvador, y dos en el Recôncavo, sobre el río Paraguaçu




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